jueves, 11 de abril de 2013

EMOCIONES OSCURAS

En esta tarde de abril, aún algo invernal, quiero hablar de las emociones. De las "malas", más concretamente. Aunque habría que empezar cuestionando el mismo nombre que normalmente se les adjudican. Malas, ¿por qué malas? ¿Desagradables, quizás? Dividir las emociones en buenas y malas es muy propio de la mente occidental. El caso es que, ¿por qúe malas? ¿Acaso no guardan grandes tesoros?
Para empezar y poder llegar a las perlas que esconden estas emociones "oscuras", como dice la gran Guadalupe Cuevas, habría que permitirse sentirlas. Sí, atreverse a adentrarse en ese mundo un tanto inhóspito de la tristeza, la ira, el miedo, la envidia o los celos. Sí. Todas son emociones humanas y lo "normal" es sentirlas, en mayor o menor medida. Otra cosa es qué hacemos con ellas. Y de eso trata esta entrada.
Yo las comparo, a modo de metáfora, con un mar de agua sucia, turbia, negra y algo turbulenta. Pero lo que no sabíamos es que en el fondo de ese mar nos espera un gran tesoro. Un aprendizaje que si sabemos ver y reconocer nos ayudará a tomar una decisión, a avanzar y por qué no, en último término a evolucionar.
Por ejemplo, un arrebato de rabia, a pesar de su incomodidad, puede ser el motor que necesitamos para actuar en una dirección determinada. Quizás sin ese enfado no tomaríamos esa decisión tan importante en nuestro camino. Como este ejemplo, se me ocurre que la envidia, tan denostada a menudo, puede ayudarnos e impulsarnos a desarrollar aquellas cualidades que nos gusta del otro. Es la sabiduría oculta de las emociones.
Abrazos

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